Hoy me he levantado con ganas de escribir, con ganas de decir ¡Dios! ¡quiero comerme el mundo! Pero de nuevo, vuelvo a sentar mi horondo culo en la silla del ordenador, a mirar el facebook, a cotillear el estado de los amigos, a reirnos un rato lejos de ellos, envuleta en la soledad de mi cuarto.
Leo, reviso los apuntes, organizo los trabajos, pero el vacío sigue ahí, me siento una inútil.
Y en el fondo, sólo sabes que no sabes lo que quieres ni dejas de querer.
Lo quieres todo y no abarcas nada, y al final lo más mínimo que otros consiguen termina generándo en tí pura envidia.
Lees y cotilleas la vida de los demás y terminas queriendo todo lo que tienen ellos:
- Quieres esa casa que se estan comprando
- Quieres esa libertad de poder hacer lo que quieres sin atenerte a las consecuencias
- Quieres saber a diseñar
- Quieres escribir, componer, tener proyectos creativos
- Quieres ayudar
- Quieres viajar, salir y entrar...
Entonces, te das cuenta en lo mediocre que es tu vida, bueno no la tuya, sino la mía.
En que por satisfacer, no te satisfaces, o más bien has olvidado en cómo coño se hacía eso. Sín darte cuenta has acabado en una espiral en que los problemas ajenos te envuelven y te axfisian como si fueran propios.
Levanto la vista, sigo sentada con mi orondo culo en la silla del ordenador. No hago nada, quizás no pueda... Ni siquiera se me pasa por la cabeza intentarlo.
Pasa el tiempo, y aquí estoy... En la silla del ordenador.
domingo, 6 de diciembre de 2009
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